VII. Kevin Garnett, el líder de la manada

“Creo que yo iba camino de meter 60 puntos en un partido. Él estaba defendiendo a Antoine Walker en ese momento. Alguien le debió decir ‘vale Kevin, Paul nos está matando’, y cambió y se puso a defenderme a mí. Y, te lo prometo, estuve durante dos buenos minutos en los que no me dejó coger el balón. No sabía qué hacer”.

Paul Pierce

Antes de que Ben Simmons comenzase a jugar con LSU hace unos meses, los más interesados en los jóvenes proyectos de jugador ya le habían visto jugar. No era necesario ser scout, cualquiera con acceso a Youtube tiene a su disposición decenas de vídeos del juego de Simmons en el instituto. Lo mismo sucedió antes con Karl-Anthony Towns, Jahlil Okafor, Andrew Wiggins, Kyrie Irving y así podríamos remontarnos hasta el gran fenómeno que supuso ya en sus días de High School LeBron James.

Cuando Kevin Garnett se dispuso a dar el salto a la NBA directamente desde el instituto no existía Youtube. Los scouts viajaban a sus partidos e intentaban grabar lo que podían en cintas VHS, o se trabajaban a algunos de los entrenadores para que se las consiguiesen. No cometeré el error de tratar a los 90 como si fuesen la prehistoria tecnológica, todo aquel interesado en la liga tuvo acceso a sus vídeos, pero no cabe duda de que la información disponible era mucho menor que en nuestros días.

Quizás eso mismo, que la información disponible para el gran público fuese escasa o inexistente más allá de algunos artículos en revistas y algún highlight en SportsCenter, contribuyó a que Garnett fuese un fenómeno social antes de que un alto porcentaje de fans de la NBA hubiesen visto un solo minuto de su juego.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, Garnett no tenía tan claro que quisiera dar el salto a la NBA. De hecho, podríamos decir que tuvo que pasar a profesional por obligación. Fueron sus deficiencias académicas las que le hicieron dar el paso, al no poder cumplir con la puntuación mínima exigida por la NCAA para que un jugador fuese elegible en aquella época. Sus notas de instituto eran lo suficientemente buenas, y siempre aprobaba en los exámenes simulados por sus profesores, pero los nervios y la tensión le podían en la prueba final. Algo que más adelante canalizó en una de sus características más reconocidas: su intensidad.

No fueron pocos los representantes de franquicias NBA que vieron por primera vez en vivo a Garnett en el workout que su agente Eric Fleisher programó en Chicago para todos los equipos de la liga. Muchos de los ejecutivos de la liga le vieron en acción por primera vez en aquella sesión. La idea del representante era tranquilizar a aquellos dirigentes que veían un gran riesgo en seleccionar a un chico de instituto. Motivos para dudar tenían: hacía décadas que no se escogía a alguien tan joven, y solo había tres antecedentes directos de High School: Moses Malone, Darryl Dawkins y Bill Willoughby (cuatro si añadimos el caso de Shawn Kemp, pero no suele hacerse). A eso había que sumar que pensaban que podía ser un problema de carácter por los problemas ya expuestos a la hora de hacer el examen de acceso a la universidad y por un incidente que había sucedido meses atrás entre estudiantes blancos y negros y por el cual se le habían levantado cargos por agresión.

Portada GarnettJohn Hammond, por aquel entonces entrenador asistente de los Detroit Pistons, y ahora general manager de los Milwaukee Bucks, fue el entrenador encargado de conducir la sesión. Solos él, Garnett, y los representantes de las franquicias.

“Lo que más recuerdo de aquello es lo nervioso que estaba Kevin”, dijo Hammond al periodista Howard Beck. “Llegó al punto de que al principio del entrenamiento empezó a hiperventilar. Pensé que se iba a desmayar… así que me lo llevé al otro lado de la cancha, con nadie más allí, y le puse a lanzar tiros libres de espaldas al resto para que pudiera relajarse”.

Los primeros en reconocer que no tenían demasiado interés en él fueron los representantes de los Minnesota Timberwolves, que contaban con el pick 5 del Draft. Flip Saunders y Kevin McHale estaban allí presentes con una única idea inicial: pasase lo que pasase alabarían a Garnett y dirían que estaban interesados en él, intentando así elevar su valor para que saliese antes del pick 5. Su verdadero objetivo era uno de los cuatro jugadores que se suponía que saldrían por delante: Joe Smith, Rasheed Wallace, Antonio McDyess o Jerry Stackhouse. Querían que uno de ellos cayese a su quinta elección.

En un momento dado, Hammond llevó al joven proyecto de jugador a la mitad de la pista, y le pidió que iniciase el bote de la forma más creativa posible y después finalizase con la mayor fuerza que tuviese en su interior. Él empezó a pasarse el balón por detrás de la espalda, entre las piernas, a hacer giros… su velocidad y agilidad dejaron asombrados a los asistentes, y cuando terminaba con sus poderosos mates, alguno tuvo que frotarse los ojos.

Cuando estaba en la pista y se concentraba, todo aquello que le suponía un problema para superar un examen o que le llevaba al borde del desmayo unos minutos antes, esos los nervios, esa tensión, lo canalizaba en una sola cosa: el juego.

“Su intensidad, su energía, sus habilidades… todo lo que hizo fue fuera de lo común”, explicó Saunders a Beck. “Si hubiésemos llevado a 10 tíos, a los 10 mejores, y les hubiésemos dejado jugar, creo que habríamos dicho que era el mejor de ellos sin duda. Aquel fue probablemente el mejor entrenamiento que he visto a un jugador. Kevin McHale y yo salimos con la conclusión de que no había riesgo”.

El primer jugador en 20 años en entrar directamente a la NBA desde el instituto estaba a punto de llegar. Y no solo tuvo una gran influencia en los cambios que se produjeron en el juego que han llevado al estilo predominante actual, también creó una tendencia que después continuaría con Kobe Bryant y otros, y que llevaría a la liga a elevar el límite de edad unos años más tarde.

Aquel workout certificó su llegada.

el ocaso

“Volvió a casa. Si lo piensas, es el único ‘Timberwolf’ en la historia que realmente significa algo. Punto. Él lo es todo para esta franquicia. Lo es todo”.

Sam Mitchell

Hace ya 20 años de todo eso, y Kevin Garnett está ya en la recta final de su carrera. Por el camino pasaron 12 años de esperanza, ilusión y finalmente frustración en Minnesota, un exitoso lustro en Boston con un anillo como recuerdo, y una olvidable última etapa en Brooklyn. Puede sonar a tópico manido, pero durante todo ese tiempo KG fue un jugador adelantado a su tiempo, capaz de liderar un equipo en ataque, y al mismo tiempo defender a cualquiera de las cinco posiciones. En la NBA moderna en la que la reducción del tamaño de los quintetos es tendencia, Garnett hubiera creado aún más pánico que el que ya cundió en su época, como una versión suprema de lo que es en el aspecto defensivo Draymond Green, por personalizarlo en el prototipo de jugador de moda en 2015.

“La gente piensa ‘oh, tienes un cambio con un hombre alto, simplemente intenta superarle en velocidad, eres más rápido que él’”, dijo José Manuel Calderón al ser preguntado sobre Garnett. “Pero él era igual de rápido que tú. Y mucho más largo. Así que aunque lograses superarlo, era muy difícil acabar, porque llegaba por detrás para taponarte sin demasiado esfuerzo. Podía ponértelo muy difícil o taponarte. Era más rápido que cualquier otro hombre alto”.

Flip Saunders se empeñó en que Garnett debía volver a Minnesota para cerrar el círculo. Todos pusieron de su parte. El jugador renunció a su cláusula anti traspaso para regresar a la franquicia que estará para siempre ligada a su nombre. La franquicia renunció a un jugador joven como Thaddeus Young por motivos estrictamente extradeportivos: para recuperar a su viejo héroe y que sea el líder de la manada que enseñe a estos cachorros de lobo a ganar. El sacrificio de Young era menor comparado con lo que suponía el regreso del hijo pródigo.

Cuando Kevin Garnett se va de viaje, lleva como mínimo dos maletas: una con su equipaje, y otra con una larga y pesada reputación. La reputación de ser un jugador que ha llegado a llorar durante algún partido simplemente por la intensidad con la que se estaba empleando. De alguien que hizo llorar a Glen Davis porque los suplentes no supieron mantener una ventaja de 25 puntos y los titulares tuvieron que volver a la pista. De alguien que rozó, si no sobrepasó, el bullying con Patrick O’Bryant, que imitó durante un entrenamiento entero a Leon Powe, que llegó a los puños en una práctica con Wally Szczerbiak porque el alero le pidió de aquella manera que por favor le cantase bien los bloqueos. También la que le colocan algunos del que solo se encara con jugadores más bajitos, y más blanquitos, que él. Todo cabe en esa maleta.

Esas son las historias del viejo Garnett, el terror del compañero que no es capaz de cambiar la expresión de su cara haya hecho un mate o lo haya recibido, hayan ganado un partido o lo hayan perdido. Es por esa maleta y por sus intangibles por lo que Saunders buscó el traspaso hasta que lo consiguió: establecer una cultura de trabajo, motivación y sacrificio. Ser fuerte o quedarse en el intento.

Los ecosistemas de los vestuarios deportivos son muy delicados. Hay muchas teorías muy variadas acerca de la química de los jugadores, pero es evidente que tiene un papel muy importante en el rendimiento de los equipos. Y hay otro elemento que también se suele mostrar indispensable para el crecimiento de un equipo, incluso uno muy joven: la presencia de veteranos.

Esa quizás sea la lección más dura que están aprendiendo los Philadelphia 76ers. Tengas el talento que tengas, un vestuario necesita responder a ciertas jerarquías, y cuando solo cuentas con un jugador con más de tres temporadas de experiencia en la liga, no hay nadie que enseñe a los jóvenes lo que supone ser jugador de la NBA. Al igual que en el ciclismo el corredor veterano se encarga de enseñar la profesión al joven, en el baloncesto sucede lo mismo. Jalen Rose, que de baloncesto, vestuarios, experiencia dentro y fuera de la pista y de salir de fiesta sabe lo suyo, siempre lo dice. Cuando llevas 10 o más temporadas en la NBA, has vivido prácticamente cualquier situación posible. Has ganado, has perdido, has sido traspasado, has salido de fiesta, has tenido piques, peleas. Y esa experiencia, en forma de consejos, de enseñanza, sí que se transmite.

Sports Illustrated basketball minnesota kentucky timberwolvesEs una pena que Saunders no pueda verlo culminado, pero gracias a él Kevin Garnett finalizará su carrera en Minnesota enseñando el oficio a jóvenes prometedores como Karl-Anthony Towns o Andrew Wiggins. Jóvenes que perfectamente podrían haber saltado a la NBA desde el instituto como lo hizo KG si las normas lo hubiesen permitido.

“Me recuerda a mí, aunque su confianza puede que sea algo mayor que la mía en este mismo punto de su carrera”, dijo Garnett recientemente a ESPN sobre Towns. “En estos días modernos los chicos están mucho más expuestos a todo. Karl escucha, es listo, pero como muchos jóvenes, le gusta creer que sabe mucho. Tiene mucho swag. Eso es con lo que tengo que lidiar”.

Desde Minnesota cuentan que Towns tiene, como mínimo, una cosa en común con Garnett: habla mucho con sí mismo. Continuamente. Algunas veces le pueden los nervios, o grita durante los partidos y entrenamientos. Durante el training camp el veterano tutor explicaba que su pupilo tiene tendencia a gritar sin motivo alguno cuando corre en la transición defensiva, gastando así energía de forma innecesaria. A los 20 minutos de entrenamiento está agotado por no saber controlar cuándo debe estallar. Es entonces cuando Garnett lo lleva a un lado e imparte su clase.

“Cualquier cosa que KG me diga, voy a hacerla”, dijo Towns.

Quizás pueda enseñarle cómo, a veces, dar la espalda al mundo, controlar la tensión y canalizarla en el juego puede ayudarte a ser uno de los mejores jugadores de la historia.