VIII. La mujer y su conquista de la NBA

asistente mujer de los Spurs Becky Hammon

Si asociamos los términos “mujer” y “NBA”, ¿qué es lo primero que nos viene a la cabeza? Tomémonos un segundo para reflexionarlo antes de seguir leyendo. Probablemente, la WNBA. O un montón de nombres de jugadoras históricas, hitos… Pero eso no es NBA. Hagamos el esfuerzo una segunda vez. Becky Hammon, ¿verdad? Aunque solo sea por mera actualidad veraniega.

O tal vez, algún ávido lector haya pensado en animadoras. Hasta hace unos años, la única relación que, tristemente, había tenido la mujer con la NBA. Expuestas como objetos sexualizados, la mujer solo tenía cabida en la liga si exhibía su cuerpo en atuendos sugerentes para deleite del público. Masculino, evidentemente. Porque el deporte, en última instancia, no es sino otra creación más del elitismo patriarcal que ha gobernado la historia, relegando al género femenino a una labor testimonial. En el mejor de los casos, complementaria a ellos.

Afortunadamente, hemos evolucionado. En el siglo XX las mujeres lucharon por ocupar el espacio de igualdad que legítimamente les correspondía en el mundo. También en el deporte. Concretamente, en la NBA, para el caso que nos atañe. Pero volvemos al ejercicio inicial. De no ser por Becky Hammon… ¿quién habría sido el valiente capaz de asociar los términos mujer y NBA con el de entrenadora?

Y no somos capaces de realizar tal asociación por los marcos mentales en los que siempre nos hemos movido. Tan absurdos como asentados socialmente. Siempre hemos distinguido entre deporte masculino y femenino. La irónica diferencia es que, mientras que los deportes femeninos incorporan entrenadores, directivos y todo tipo de personal del género opuesto, los deportes masculinos siempre parecen haber estado reservados a sus congéneres. El deporte femenino ha integrado siempre a los hombres con total naturalidad. Pero nunca ha sucedido igual a la inversa. Se ha negado deliberadamente el acceso a la mujer a las competiciones de varones.

Las mujeres comenzaron a incorporarse en la NBA a los puestos de administración dentro de las franquicias. Más aún con las grandes ampliaciones de staff que hemos vivido – y aún vivimos – en las últimas décadas. La apertura a campos como la economía, el marketing, la nutrición y un largo etcétera abrió las puertas a las mujeres. Pero el gran salto diferencial se produjo cuando se les permitió entrar a los vestuarios. Por ejemplo, como fisioterapeutas. Se rompía así el último tabú. Un paso crucial a la hora de integrarlas dentro de la propia estructura interna del equipo, no la órbita periférica que representan las oficinas. El tópico de la animadora, las únicas mujeres que podían andar cerca de los jugadores en la pista, se desmontó cuando la sociedad se atrevió a avanzar.

Y, por fin, en 2015, la NBA va un paso más allá y comienza a entender a las mujeres como entrenadoras.

Un reconocimiento que va más allá de lo simbólico. Se reconoce, al fin, la valía de la mujer en un mundo de hombres. Sus méritos y capacidad, si demuestra merecer el puesto. Que la mujer acceda a ser entrenadora en la NBA es el último logro, la última frontera que queda por superar. Porque el entrenador, en la NBA, es el jefe del equipo. Darle el cargo a una mujer es conferirle plenos poderes sobre una plantilla. Reconocer su valía dándole el puesto de máxima responsabilidad.

PARTE I: JUGADORAS NBA

A lo largo de la historia, los nombres de mujeres asociados a la NBA siempre han destacado mediáticamente ligados a la vida en activo como jugadoras. Entre finales de los años 60 y finales de los 70, llegaron casos con más luces y florituras que realidad. Intentos de fichar una jugadora en una franquicia que no eran sino mercadotecnia barata en una etapa en la que la NBA atravesaba una de las peores crisis económicas y de identidad que ha conocido.

Y, pese al enorme revuelo mediático que despertaron en su día, la realidad siempre se topó con la misma barrera infranqueable que, pese a ser puesta a prueba de tanto en tanto con casos excepcionales, nunca fue rebasada. A sabiendas de los audaces y ambiciosos propietarios, que no tuvieron reparo en utilizarlas para su propio beneficio.

Penny Ann Early

El primer intento de fichar una mujer para un equipo profesional masculino sucedió en 1968. Y no en la NBA, sino en la entonces pintoresca ABA. Penny Ann Early ni siquiera era una jugadora de baloncesto. Por saber, ni siquiera sabría botar una pelota andando. Y no por ineptitud, sino por la pura inercia de un deporte no entrenado. La misma que sufriría cualquier persona en su situación, completamente fuera de lugar. mujer en la aba Penny Ann Early

Porque donde sí destacaba Early era en las carreras de caballos. Una prodigio que logró conseguir la primera licencia de jockey para disputar carreras contra hombres. Para más inri, lograda en la conservadora Louisville. Su salto a los medios de comunicación se disparó en semejante contexto. Vilipendiada y calumniada por prensa y jockeys, tuvo que enfrentarse al boicot que le preparaban en cada carrera que participaba. Early luchó por la igualdad prácticamente en solitario.

Penny Ann Early llegó a la ABA de la mano de los Kentucky Colonels. En medio de un contexto de quiebra general en la ABA, los propietarios buscaban reclamos a la desesperada para llenar el estadio. Cualquier cosa valía. Incluso firmar a una joven de 23 años que apenas sobrepasaba el metro y cuarenta centímetros y los 50 kilos y que no había tenido un balón naranja en sus manos en su vida. Y no solo bastaba tenerla en nómina, sino que obligaron a Gene Rhodes, su entrenador, a darle minutos en pista.

Tan fuera de lugar estaba Early, que cuando debutó contra Los Angeles Stars el 28 de noviembre de 1968, lucía una minifalda y un jersey con su número y las letras de los Colonels. Cuando Rhodes hubo de darle entrada, no sabía exactamente si pedirle perdón a ella, a los aficionados en general o a sus propios jugadores y rivales. La joven, que no sabía exactamente qué tenía que hacer, se limitó a apartarse para no estorbar.

Apenas duró Early en pista. Y el público de Los Angeles, lleno de ternura por ver aquel frágil elemento rodeado de mastodontes, ovacionó a la chica a rabiar. Fue el único partido en la vida de Penny Ann Early. E, irónicamente, el día que estuvo más expuesta al blanco de las críticas, fue el único que se granjeó la simpatía y cariño de aficionados, prensa y compañeros por igual. Porque la mujer había vuelto al sitio que en aquella mentalidad retrógrada consideraban que estaba: en inferioridad al hombre. Desvalida y fuera de lugar en un mundo que no estaba hecho para ella. Quienes sí se llevaron ríos de tinta ácida fueron los Colonels, acusados de utilizar a Early como reclamo inmoral para obtener beneficio en “una de las campañas de marketing más vergonzosas de la historia del deporte”.

Denise Long

primera mujer drafteada Denise LongDenise Long se convirtió en la primera mujer elegida en el Draft de la NBA. En 1969, los San Francisco Warriors gastaron su pick 174, en la decimotercera ronda, en Long. Franklin Mieuli, propietario de la franquicia no solo hubo de capear críticas de la propia NBA y los medios, sino de los propios colectivos feministas de la ciudad. San Francisco, cuna de la contracultura que revolucionó a la juventud estadounidense en las décadas de los 60 y 70, de la generación beat y los movimientos de libertad y derechos individuales, tomaron a Mieuli como objetivo.

Los diversos movimientos organizados en una ciudad de carácter tan liberal supieron ver el carácter publicitario que conllevaba la elección de Long. También así lo entendió Walter Kennedy, comisionado de la NBA, vetando su elección instantes después de producirse.

Denise Long había sido un prodigio en el instituto en un contexto en el que el baloncesto femenino aún estaba en pañales, luchando por su consolidación y desarrollo como deporte. Nunca jugaría en aquel equipo. Pero sí acabó en San Francisco, donde estudiaría jugando para su universidad. Pero sus valores tradicionales, importados de la Iowa más profunda, chocaron frontalmente con el aperturismo de San Francisco, en pleno apogeo cultural. Long terminaría retirándose sin empezar su carrera como jugadora. Regresó a Iowa, donde encontró la Biblia como único consuelo para un alma perdida.

Luisa Harris

El tercer intento de retomar el debate de género llegó con Luisa Harris, casi diez años después. En 1977, los New Orleans Jazz seleccionaron a Luisa Harris en el puesto 137 de la 17ª ronda. Y, como en los casos anteriores, con idénticos condicionantes. primer mujer afroamericana Luisa HArris

Para 1977, los Jazz de New Orleans estaban asfixiados por las deudas económicas. De hecho, ese mismo año se confirmaría su marcha a Utah, donde aún permanecen, solo tres años después de haber sido admitidos por la NBA en la expansión de 1974. Con la marcha de los Jazz de New Orleans se ponía fin no solo a un equipo NBA, sino a una de las franquicias con mayor bagaje cultural de la historia: New Orleans, cuna del jazz, realizó un guiño a su propia historia de desigualdad racial. Pero eso es otra historia paralela.

Luisa Harris no fue sino otro vil e inmoral intento de mercadotecnia para reflotar los ingresos de una franquicia hundida. Otro intento de convertir a la mujer en objeto. Harris, que ya tenía amplio bagaje profesional representando a su país en el Team USA femenino, apreció el engaño y declinó de forma inmediata jugar con los Jazz.

Harris disputó los primeros Juegos Olímpicos en modalidad de baloncesto femenino, donde se cruzaría con otras dos jugadoras que hicieron historia entre los hombres: Ann Meyers y Nancy Lieberman. En 1998, Harris fue reconocida también con el honor de ser la primera mujer afro-americana en ser incluida en el Women Basketball Hall of Fame, liderando la primera promoción junto a Meyers, Lieberman, Margaret Wade y Pat Head.

Ann Meyers

El caso de Ann Meyers (1.75 metros, 61 kilos) fue el más paradigmático de todos. Al menos sobre el papel. El 5 de septiembre de 1979 los Indiana Pacers anunciaban el fichaje de Ann Meyers. En esta ocasión, su fichaje sí parecía ir en serio. Meyers era la mejor jugadora que hubiera conocido el baloncesto femenino. Y Sam Nassi, el nuevo propietario de la franquicia, habría podido haberle colado su jugada a la prensa de no ser, una vez más, por el “dichoso” contexto económico. Nassi, tras comprar los Pacers, concedió plenos poderes deportivos a su entrenador, Bobby Leonard.

De ahí que, en esa tesitura, el fichaje de Meyers difícilmente pareciese un movimiento requerido y pertrechado por Leonard. Más aún en base a los precedentes de otras mujeres en la NBA y, de nuevo, la reiteración de factores que siempre acompaña a los diferentes casos. Los gloriosos Pacers de la ABA solo vivían en el recuerdo. Su salto a la NBA se produjo en 1976, previo pago de una tasa de entrada de 3.2 millones que arrasó las arcas de la franquicia. Además, los Pacers y las otras tres franquicias que se unieron en la ampliación no verían ingresos por televisión en los primeros cuatro años. Sumado a un estadio desolado, que ocupaba el puesto 18 de 23 en asistencia de público, les empujó al borde de la quiebra.


dEn julio de 1977 los Pacers se enfrentaban a su desaparición. Y, de no ser por Elmer Snow, jamás hubieran disputado otra campaña en la NBA. Snow, director de la cadena WTTV, que retransmitía los partidos de los Pacers, se ofreció a dirigir un telemaratón para recaudar dinero y salvar la franquicia. Lo logró, aunque las dificultades económicas persistirían con los años. Y en medio de ellas se encontraba Nassi, que trató de dar un nuevo golpe de efecto a su equipo justo en el último año que les quedaba de veto para las ganancias televisivas.

Nassi fichó a Ann Meyers, la mejor jugadora de baloncesto femenino del planeta. Tan cuidadosamente mimó su movimiento maestro, que incluso la propia Meyers sentía como legítima la oportunidad que se le brindaba, y no como otro inútil intento de mercadotecnia carroñera. Para Meyers, su único reto era con la historia. Su propio hermano, también jugador, fue quien le aconsejó abstraerse de los medios de comunicación, que cargaron con munición pesada sus páginas en aquellos días.

Meyers se incorporó al campus de novatos en medio de un revuelo sin precedentes. Incluso la propia NBA se vio obligada a lanzar un comunicado público en el que se desligaba de la decisión de Indiana, previendo posibles críticas de carácter feminista por vetar a una jugadora, como sucediese con Long. Incluso las cámaras de televisión se desplazaron para grabar el entrenamiento de Meyers. Y la realidad impuso su lógica aplastante. Meyers era suficientemente buena jugadora como para competir entre hombres. Tal vez, incluso mejor que muchos de los jugadores de los Pacers. Pero el físico suponía una barrera infranqueable. Sus propios compañeros y entrenadores empezaron a temer que se hiciera daño en alguna acción. Y la propia Meyers, profesional hasta la médula, así lo reconocía a los medios.

“Soy algo más lenta que ellos. Son mucho más poderosos físicamente que todas las jugadoras contra las que me he enfrentado. Y muchas de las cosas que hacía contra ellas no puedo hacerlas ahora. Tal vez no sea lo bastante buena, pero voy a dar lo mejor de mí. Eso sí, va a ser más duro de lo que había previsto”.

A los seis días, los Pacers renunciaban a seguir adelante con su estrafalario proyecto. Meyers, entonces, marchó a la WBL (Women Basketball League), donde firmó con los New Jersey Gems. “Como queriendo anticiparse a la crítica garantizó a Meyers la vigencia del contrato a toda costa. Esto es: si no era elegida para integrar la plantilla sí lo sería para la empresa. Como relaciones públicas o comentarista local se le aseguraba un despacho, un empleo cuya apariencia de limosna Ann Meyers no había reclamado de aquel hombre. Con esa deplorable petulancia del poderoso, Nassi creía poder cumplir su cometido y hacer al mismo tiempo un favor a la chica. Tropezaba así en una flagrante paradoja: premiar a una atleta por su condición de mujer. “Olvidar que el único objetivo de aquella joven de 24 años era desplegar su profesión plenamente y no acogerse a una protección que en ningún caso había solicitado”, en Gonzalo Vázquez, 101 Historias NBA. 

Brittney Griner

En marzo de 2013 se produjo el último intento de reavivar un debate que parecía sepultado definitivamente. Mark Cuban, en una de sus habituales excentricidades, se atrevió a manifestar la posibilidad de draftear a Brittney Griner.

He pensado sobre ello. Aún pienso sobre ello. ¿Lo haría? Ahora mismo, me inclino a decir que sí, solo para ver si ella es capaz de hacerlo. Nunca lo sabrás hasta que le hayas dado la oportunidad a alguien”. Mark Cuban.

Como era de esperar, el aluvión de críticas, previendo que no fuera más que otro giro mediático de un propietario que había desmantelado su equipo campeón de 2011, en un burdo intento de firmar estrellas, llegó de forma inminente. Pero las críticas públicas no hacen sino alimentar el ego de Cuban. Si es el mejor jugador disponible, la escogeré a ella”, declaraba con toda la intención. De hecho, Cuban llegó a trasladar una propuesta invitándola al campus de entrenamiento de los Mavericks en verano. Como si tuviese que demostrar que la cosa iba en serio. 

Más adelante, poniendo cordura al tema, Cuban matizó sus palabras declarando que aún tenía que “ganarse el puesto”. “No voy a elegirla porque sí. Pero, realmente, no estoy en contra de darle la oportunidad”. Griner nunca llegó a entrenar con los Mavs ni fue jamás drafteada. El globo sonda pasó como pasa el tiempo. Barriendo a su paso el rastro de la actualidad hasta relegarlo a un pequeño rincón de la memoria. A una grieta de la historia. A día de hoy, solo dos años más tarde, la historia de Cuban con Griner no pasa de charla entre cervezas. Una anécdota aniquilada por el peso de la imparable rueda de actualidad, que aplasta todo pasado con su ritmo frenético.

Brittney Griner mujer que pudo ser elegida por los Mavs

El debate que nunca existió

Que la mujer no alcance el nivel físico del baloncesto masculino no quiere decir, ni mucho menos, que no puedan competir en talento. Pero la realidad biológica es incuestionable. No hablamos de ser mejor o peor, sino de imposición física.

La propia Anna Cruz lo contaba durante su etapa en New York Liberty. Bill Laimbeer – ahí tenemos un magnífico ejemplo contrario: entrenador masculino en deporte femenino. Dos anillos NBA, pero sin experiencia alguna en WNBA. Y llevando a las Liberty a las Finales este año 14/15 – hacía entrenar a sus chicas contra un equipo de jugadores masculinos amateur. Bien sabía Laimbeer que solo por físico conseguían imponerse con facilidad a uno de los mejores equipos de la WNBA. Cruz relató durante toda la temporada lo frustrante que era para ellas enfrentarse a ellos, pero lo eficaz que les resultaban esos entrenamientos para mejorar e imponer lo aprendido en los entrenos contra otros equipos WNBA.

Dejando a un lado el debate del talento, también cabe abrir la absurda imposición arrastrada a lo largo de la historia no solo del deporte, sino de la sociedad en general. Que la mujer no alcance la imposición física de la NBA, no las incapacita para entrar en otros puestos. Y la excusa de no tener experiencia o desconocer la liga, no ha sido sino una falacia prolongada. Un mito derribado a medida que las mujeres iban copando distintos puestos dentro de las franquicias.

PARTE II: CAZADORAS DE MITOS

Violet Palmer

Las mujeres han ido entrando paulatinamente en diversos puestos de las franquicias de la NBA, derribando los mitos y tabúes existentes en torno a su figura por meras y absurdas cuestiones de género. Es el caso, por ejemplo, de dos árbitros que llegaron a la NBA a base de esfuerzo, al igual que sus compañeros varones.

¿Qué impedía a una mujer ser árbitro en la mejor liga del mundo? No debía competir con ninguna exigencia física. Tampoco con una mayor atención mediática más allá de la anomalía que supondría su debut como primera mujer árbitro en la liga. Y, aun con todo, hubo que esperar hasta 1997 para ver a Violet Palmer arbitrar su primer partido oficial.

Violet Palmer la primera mujer árbitro

Palmer, hoy referencia mundial – tiene incluso su propio campus veraniego de élite para árbitros – hubo de sufrir toda una odisea para alcanzar un objetivo que, más que legítimo, era ya una reivindicación a coro. Desde 1994 arbitró partidos de pretemporada NBA y en ligas menores, como parte del entrenamiento para llegar a la mejor liga de baloncesto del planeta. La NCAA le ofreció la oportunidad de ser árbitro en la Division I en 1996. Pero la conservadora competición universitaria vetaría su nombramiento días después. El argumento no pudo ser más simplista: una competición de hombres no era lugar para una mujer.

El orgullo herido de Violet se acrecentó con el rechazo y solo un año más tarde, en 1997, pudo sonreírse a sí misma y a quienes la rechazaron entonces mientras oficiaba el partido inaugural de la temporada 97/98 entre los Vancouver Grizzlies y los Dallas Mavericks. Palmer había completado su entrenamiento NBA en solo siete años, tres menos de lo estipulado por la normativa. Una joven talento sin precedentes en la historia.

Nunca olvidaré el momento en el que me puse mi chaqueta y me dirigí hacia la pista. Me dije a mi misma: ‘Wow, ¡voy a hacer esto todas las noches!’. Estaba tan nerviosa que pensé que iba a hacerme pis en los pantalones”. Violet Palmer.

Otra mujer entró con ella en la misma promoción, aunque con suerte dispar. Dee Kantner hacía historia junto a Palmer, pero la NBA decidió despedirla tras considerar que sus actuaciones no habían estado a la altura. Kantner arbitra desde entonces en la WNBA, al igual que Palmer, que alterna ambas competiciones. Y, como era de esperar, las críticas de los bocazas habituales, hienas mediáticas, no se hicieron esperar.

Esto es un juego de hombres. No debería estar aquí”. Charles Barkley.

Posteriormente, Barkley, en un gesto más que honroso, se disculparía personalmente con Violet Palmer por sus declaraciones. “Violet, me equivoqué contigo. Discúlpame, de verdad. Eres incluso mejor que ellos dos” (en referencia a los otros dos árbitros). Pero, al igual que las voces discordantes sonaron con fuerza, salieron otras de gran calibre en su defensa.

Se que estaba tan nerviosa como cualquiera de los jugadores. Pero sus decisiones fueron impecables. Y trabajar como tercer árbitro le quitó presión. Hizo su trabajo exactamente igual que sus dos compañeros en pista. Cuanto mejor lo haga, más anónima será”, Rod Thorn, vicepresidente de la NBA.

La carrera de Violet Palmer ha sido fulgurante, siempre en continuo ascenso. En sus hombros no solo recaía la presión de arbitrar, sino la de todo el colectivo femenino que veía en ella a la pionera que derribaba cada nueva frontera. No ha habido montaña que no haya subido. En 2009, se convirtió en la coordinadora de mujeres árbitro en la Conferencia Oeste. En 2014 volvió a clavar su pica en la historia siendo la primera mujer en arbitrar un partido All-Star en cualquier deporte. Y en 2015 pasó a coordinar también a las mujeres árbitro de la Conferencia Este.

Ella ha abierto el camino a otras mujeres como Lauren Holtkamp, la tercera mujer árbitro en la NBA, también batiendo récords de precocidad. Pero, además, Palmer se convirtió en un icono de la comunidad homosexual tras hacer público su matrimonio con Tanya Stine. Otro mito cazado por ‘Ultra Violet‘, como la denominó Referee.com en un artículo de 2004. Un legado para la historia de una mujer empeñada en demostrar que su hueco sí estaba entre los hombres.

Jeanie Buss

Otro maravilloso ejemplo de mujer de éxito en la NBA lo encontramos en Jeanie Buss. Su padre, Jerry Buss, hizo de los Lakers una franquicia que trascendía lo acontecido en la pista. El Doctor Buss hizo de los Lakers una auténtica industria del Show Bussiness, con Hollywood como epicentro. A su muerte en 2013, sus seis hijos estaban en el organigrama empresarial. Su primogénito, Johnny, apenas tenía interés en el devenir de los Lakers. Y el Doctor Buss hubo de elegir entre Jeanie o Jim – el segundo – como sucesores. Jerry Buss cometería muchos errores en su vida, como todo humano. Y enormes aciertos. No legar la franquicia a Jeanie, quizá, fuera el más grave error que jamás haya cometido.

La cuestión de género pesó demasiado en Buss. Porque, si por dinastía sucesoria fuese, Jeanie es dos años mayor que Jim. Y mientras el hijo abandonó sus estudios al primer año de carrera para vivir de la empresa familiar y dilapidar auténticas fortunas en las carreras de caballos, donde veía su sueño frustrado de jockey, Jeanie se graduó con honores en Ciencias Económicas en la Universidad de California del Sur. La vida de Jim se debatía entre las drogas, el alcohol y las apuestas hasta que su padre intentó reconducirlo convirtiéndole en la mano derecha de Jerry West, General Manager de los Lakers. Jeanie Buss mujer dueña de los lakers

No fue sino un intento a la desesperada por darle un oficio. Jamás tuvo Jimmy poder ni respeto en vida de su padre. Especialmente por parte de Phil Jackson, con quien siempre mantuvo una relación, más que inexistente, agria. Más acentuada aún tras anunciar su noviazgo con su hermana. Pero la decisión de que el Maestro Zen no volviese jamás a los Lakers no fue suya. Tamaña decisión escapaba a la paupérrima capacidad de Jimmy. Fue su padre quien, en uno de sus últimos designios, prohibió taxativamente su vuelta. Si a Jim había molestado que Phil y Jeanie fuesen pareja, para su padre fue una afrenta que jamás perdonaría.

Bien sabía el Doctor Buss que su hijo estaba lejos de estar preparado para llevar a los Lakers. Pero su orgullo negó el testigo a Jeanie con el único fin de que ella y Phil no tuvieran el poder de su amada franquicia. Un tándem que lideraría el apartado económico (Jeanie) y deportivo (Jackson) sin oposición. Un sueño que jamás llegó a ser realidad. Jeanie, que luchó durante toda su vida por suceder a su padre, se vio privada de su “juguete” más preciado por su relación con Phil.

Y viendo la deriva que los Lakers han tomado bajo el mando de Jim – fiascos con Mike D’Antoni, Brown y Byron Scott, fichajes que salieron aún peor como Howard o Nash, renovar a Kobe por 25 millones por temporada tras su primera lesión o no ver los Playoff desde la marcha de Jackson – es inevitable plantearse qué hubiera sucedido si el orgullo de Jerry Buss no hubiera sido herido. La única luz que ven ahora los angelinos es que Jim Buss ha anunciado que si el equipo no es capaz de competir al final de la temporada 16/17, dimitirá. El adiós a la familia Buss si Jeanie no consigue remediarlo y hacerse, al fin, con las riendas de los Lakers.

Becky Hammon

Toda una vida en San Antonio. Aunque con las Stars, no con los Spurs. La historia de Hammon como entrenadora está directamente ligada a sus últimos años como jugadora. En julio de 2013, Becky se rompió el ligamento cruzado anterior. Una lesión que, a sus 36 años, amenazaba con poner fin a su carrera. Hammon, luchadora por naturaleza, aún volvería una temporada más en 2014, demostrando que sería ella quien decidiese poner fin a su carrera, no una lesión. Pero lo que podría haberse convertido en un año en blanco, sirvió a Hammon para plantearse su futuro más allá de la pista. Aunque no se alejase demasiado. Concretamente, un par de sillas. De la de jugadora a la de entrenadora. De un contratiempo, una oportunidad. Mientras seguía su proceso de rehabilitación, Hammon se involucró en los Spurs.

Becky Hammon se convirtió en una más del staff. Una lapa que no dejaba de absorber conocimientos a cada día que pasaba. Comenzó atendiendo a los entrenamientos. En apenas unos días, Popovich y su staff la hicieron invitada participante, pidiéndole consejos, incorporando algunas de sus rutinas y ejercicios de entrenamiento y, paulatinamente, dirigiendo algunos de ellos. Tan involucrada estaba Becky Hammon con los Spurs, tan natural resultó la transición que, cuando se quiso dar cuenta, estaba presente en todas las reuniones de los entrenadores. Era una más. Sin dar un ruido y sin alardes mediáticos. Al estilo Spurs.

En la filosofía de San Antonio, solo la ética de trabajo, el esfuerzo y el altruismo colaborativo con los compañeros te hacen ganar la oportunidad. Hammon demostró tener todas las cualidades necesarias. Pues, cabe recordar, asistía como voluntaria mientras tenía contrato con las Stars mientras los Spurs planeaban su pretemporada. Hammon siempre fue especialmente valorada por el equipo de Popovich. Incluso, fue invitada a asistir a los partidos veraniegos y, en apenas tiempo, como consultora en el banquillo.

Valoro muchísimo la adquisición de Becky Hammon a nuestro staff. Habiéndola observado la temporada pasada trabajando con nuestro equipo, confío ciegamente en su inteligencia, ética de trabajo y sus cualidades para relacionarse con el resto de miembros. Nos beneficiará enormemente”. Gregg Popovich.

Becky Hammon asistente mujer de los SpursPorque tan buen trabajo hizo ese verano en San Antonio mientras se recuperaba de su lesión que, antes de anunciar su retirada a finales de 2014, ya tenía la oferta de Pops sobre la mesa para unirse a su staff de entrenadores. Y caminar bajo el ala de un maestro como él, especialmente en un paso tan importante en la vida de una jugadora, es de valor incalculable.

Y Hammon respondió a la confianza con éxitos. Primero, durante la temporada, siendo parte importante del equipo de entrenadores. Y, segundo, asumiendo el reto de dirigir a los Spurs en la Summer League de Las Vegas, donde se alzó con el título desplegando un baloncesto soberbio.

Por supuesto, la carrera de Becky Hammon como entrenadora solo acaba de empezar. Y los proyectos en los Spurs maduran con calma. Sean jugadores o entrenadores. Pero trabajar bajo el paraguas de Popovich asegura oportunidades. Bien lo saben sus asistentes repartidos por la liga actualmente (Budenholzer, Brett Brown, Steve Clifford, han recuperado a Borrego y Jaque Vaughn…). Hammon se postula a día de hoy como la mejor colocada, gracias a su trabajo y el contexto que la envuelve, para ser algún día la primera mujer entrenadora de la NBA.

Nancy Lieberman

Nancy Lieberman también tiene su propia historia como jugadora entre hombres. Siete años después del intento de Meyers, en 1986, Lieberman jugó un partido oficial con Springfield Fame de la más que pintoresca United States Basketball League (USBL). Creada en 1985, aguantó viva hasta 2009, cuando exhaló su último aliento, oprimida por la NBA D-League. La USBL se movía a medio camino entre el espectáculo circense de los últimos años de la ABA y el intento de liga de desarrollo en los últimos meses de la primavera.Nancy Lieberman primera mujer entrenadora de la D-League

Lieberman, siempre más conocida por ser la preparadora física de Martina Nvratilova que por su estatus de jugadora, decidió lanzarse a la aventura para firmar su propia página en la historia. “Lady Magic” incluso tuvo el honor de jugar para los Washington Generals, ese equipo condenado a perder de por vida contra los Globetrotters. Siempre se sintió atraída por el baloncesto masculino, como demostraría con su posterior carrera como entrenadora.

Más allá de su espectacular carrera como jugadora, la cual merece la pena conocer, Lieberman rompió una nueva barrera al convertirse en la primera mujer entrenadora en la D-League en 2009. Lieberman llevó a Playoff a los Texas Legends, equipo afiliado de los Dallas Mavericks. Tan buena impresión causó en la franquicia, que Lieberman fue promocionada al puesto de asistente del general manager en su segundo año.

“Creo que cada mujer puede compaginar sin problema tanto sus metas personales como profesionales. Mi posición como asistente del general manager me permite tener un calendario más equilibrado mientras sigo persiguiendo mis metas profesionales”.

Nancy Lieberman atrajo una atención inusitada para un equipo de la D-League. Y gracias a sus victorias, las expectativas en torno a una figura que siempre estuvo acostumbrada a ganar se dispararon. Además, en la NBA, donde se valora especialmente haber superado paso a paso todos los estamentos hasta llegar a ser entrenador, la labor de Lieberman era especialmente apreciada.

En julio de 2015 le llegaría su gran oportunidad. Los Kings, con ánimos insuflados tras el éxito de Hammon en la D-League, se animaron a dar el paso decisivo. A sus 57 años, la experiencia de Lieberman sobrepasaba con creces la de cualquier otro candidato. Y sus cualidades como entrenadora casaban a la perfección con las de George Karl y una visión diferente dentro de un vestuario que, por momentos, más que vestuario, parecía un polvorín listo para estallar.

“Voy a ofrecerle el trabajo. George (Karl) y yo lo hemos hablado después de que nos ayudara en la Summer League. Estuvo increíble, llevó al equipo a otra dimensión. Creo que es una gran oportunidad para ella”. Vlade Divac.

Una nueva era

El salto a la modernidad que ha dado la NBA en el siglo XXI la ha aupado a la cúspide de los deportes mundiales. La NBA es ejemplo de aperturismo, de tolerancia y compromiso social. También en ámbitos como la incorporación de tecnología puntera, el avance en las estadísticas o la misma concepción del espectáculo.

Y, en los últimos tiempos, sus mandatarios se han percatado hábilmente que la liga podría ser mucho más rica si personas de muy diferentes ramas del conocimiento, origen o cultura se incorporaban a su organización. Vivimos una revolución sin precedentes a la hora de entender la propia liga. Un proceso de cambio acelerado que, con el paso de las décadas, podremos apreciar en toda su plenitud.

No hay más que mirar a los banquillos. Los entrenadores llegan de todas partes: europeos, de la NCAA, de la D-League, de la WNBA, ex jugadores… Desde la NBA y las franquicias se ha comprendido que, cuanto más heterogéneo es un staff, mayor pluralidad de visiones y opiniones hay. Y más posibilidades de seguir sumando conocimientos en todos los sentidos. Favorecer la integración de las minorías, demostrando que no solo pueden tener su espacio, sino que lo merecen y habían sido injustamente vetados, es una revolución histórica. Hito que, con el tiempo, se narrará con el mismo énfasis que el fin del racismo en la liga o el salto de los jugadores internacionales.

Corresponde a los periodistas narrar su importancia capital y saber apreciar y contextualizar el momento que, afortunadamente, nos ha tocado vivir.