XXI. La pesadilla de Daryl Morey

Hace 11 meses, los Houston Rockets completaron una de las remontadas más improbables en la historia de los Playoffs de la NBA, superando un 3-1 desfavorable en su serie contra Los Angeles Clippers para meterse en la Final de Conferencia Oeste. Ahí no tendrían nada que hacer, pero parecía que el proyecto de Daryl Morey había dado un paso definitivo, que estaba listo para aspirar a todo.

Once meses después, ese mismo proyecto parece acabado o, al menos, necesitado de un lavado de cara. Los Houston Rockets tienen en estos momentos un balance 38 – 41, son novenos del Oeste y están a una derrota de quedarse fuera de los Playoffs. Para entrar necesitan ganar sus tres partidos restantes, y esperar las derrotas de Utah y/o Dallas. Y, según ESPN, el puesto de Morey podría incluso correr peligro.

Su carrera comenzó en la consultora The Parthenon Group, además de servir también como consultor estadístico para STATS, Inc, responsable del famoso sistema de estadísticas SportsVU que utilizan diversos medios y del cual se nos ofrece una versión limitada en NBA.com. Morey fue contratado por los Boston Celtics para desarrollar sus tecnologías estadísticas, y fue nombrado asistente del general manager en Houston en abril de 2007. Un año y un mes después, pasó a ocupar el puesto de general manager.

Desde entonces, los Rockets han tenido balance positivo cada año, racha que podría romperse esta temporada. Su mentalidad Moneyball lo convirtió en un favorito de los defensores de las analytics o estadísticas avanzadas. Su atrevida estrategia para eliminar el lanzamiento de media distancia, sus pruebas con los Rio Grande Valley Vipers de la D-League, y su involucración en la organización de la MIT Sloan Sports Analytics Conference lo llevaron a ser considerado poco menos que un gurú del baloncesto moderno. Su estilo se convirtió en un ejemplo a seguir a la hora de formar una front office moderna.

Y lo cierto es que su estrategia de conseguir activos para convertirlos en super estrellas le salió a la perfección. Morey dirigió la transición de los Rockets de los eternamente lesionados Tracy McGrady y Yao Ming a los Rockets de James Harden con una gran cantidad de traspasos entre medias, pero en los que nunca llegó a tocar fondo para reconstruir. Su gran día llegó el 27 de octubre de 2012, a pocas horas del comienzo de la temporada regular, cuando convirtió a Kevin Martin, Jeremy Lamb y una primera ronda (Steven Adams) en James Harden. Estaba en el lugar ideal en el momento oportuno, pero se había estado preparando durante mucho tiempo para poder coincidir en tiempo y espacio con esa oportunidad.

Hasta aquel día de octubre, en cinco años Morey había traspasado a los siguientes jugadores: Juwan Howard, Vassilis Spanoulis, Kirk Snyder, Mike James, Bonzi Wells, Steve Novak, Steve Francis, Rafer Alston, Joey Dorsey, Carl Landry, Tracy McGrady. David Andersen, Trevor Ariza, Jermaine Taylor, Aaron Brooks, Shane Battier, Ish Smith, Brad Miller, Jordan Hill, Jonny Flynn, Hasheem Thabeet, Chase Budinger, Samuel Dalembert, Kyle Lowry, Marcus Camby y Courtney Lee. Son 26, y obviamente no contamos rondas de Draft o derechos de jugadores. Después del traspaso de Harden, otros 19 jugadores han sido traspasados.

El mismo Morey nunca ha ocultado su interés por juntar tres grandes estrellas, rodearlas con jugadores de rol, y que cualquier jugador podía ser traspasado en cualquier momento. No seamos hipócritas, eso es así en cualquier franquicia. Pero Morey es agresivo con sus movimientos, y la sensación es que no hay jugador seguro en la plantilla. Por ejemplo, cuando puso a Omer Asik en el mercado en diciembre de 2013, él mismo marcó una fecha límite: el 19 de diciembre, para que, de esa forma, los jugadores que recibiese a cambio pudieran ser traspasados de nuevo junto a otras piezas antes del cierre del mercado en febrero. Esta agresividad no fue del agrado de agentes y jugadores, pero Daryl Morey estaba en racha, y más cuando convenció a Dwight Howard en el verano de 2013 de que fichase por los Rockets.

Al verano siguiente, el de 2014. estuvo más cerca que nunca de firmar su jugada maestra. LeBron James había anunciado que dejaba Miami para volver a Cleveland. Los Houston Rockets podían abrir espacio para un contrato máximo además de los de Harden y Howard, y la situación era ideal para ir a por uno de los objetivos favoritos de Morey: Chris Bosh. En el lado negativo, Chandler Parsons, agente libre restringido, había firmado un contrato, también por el máximo, con los Dallas Mavericks. Morey no había pensado en darle ese dinero, pero si Bosh firmaba, estaba dispuesto a igualarlo y retener al alero para juntar un cuarteto Harden – Parsons – Bosh – Howard. Según cuentan, estaba todo tan avanzado que Morey pensaba que estaba hecho. Pero cuando los Heat ofrecieron el máximo por cinco años y Bosh se quedó en Florida, los Rockets dejaron marchar a Parsons y aceptaron dar un paso atrás.

Solo que, en vez de eso, dieron un salto adelante. Repescaron a Trevor Ariza y encajó a la perfección en su rol. Kevin McHale estableció una mentalidad defensiva en el equipo, mientras que en ataque Harden disfrutó de una de las mejores temporadas individuales de los últimos tiempos, solo superada por el MVP Stephen Curry. Incluso la apuesta por Josh Smith, un deshecho de los Detroit Pistons al que Stan Van Gundy cortó a pesar de deberle aún mucho dinero por el bien del vestuario, salió medianamente bien. Finales de Conferencia, y título de contenders para la 2015-16.

En el apartado extradeportivo, el mayor pique que ha tenido Daryl Morey ha sido con Mark Cuban, dueño de los Dallas Mavericks. En realidad ambos se llevan bien, y Morey es gran amigo de Donnie Nelson, general manager de los Mavs. Otra cosa es que no vayan a cooperar entre rivales, y que les guste hablar de más en los medios, porque tanto Cuban como Morey son igual de competitivos y fanfarrones. El choque mediático tuvo su comienzo en el verano de 2013 cuando, después de asegurarse el “sí” de Diwght Howard, Morey preguntó a Nelson por la disponibilidad de Dirk Nowitzki por medio de un traspaso. A Cuban no le gustó demasiado. Al enfrentamiento hay que sumar lo ocurrido con Gersson Rosas y Chandler Parsons.

El combate Morey-Cuban llegó a su punto más alto cuando ambos se acusaron mutuamente en 2014 de olvidarse de la química del vestuario.

“Simplemente entienden de forma diferente el asunto de la química a la forma en la que lo hacemos nosotros”, dijo Cuban sobre Morey y los Rockets. “Algunos equipos, y no solo los Rockets, solo juntan talento, y creen que el talento lo arregla todo. Nosotros pensamos que la química importa”.

Por supuesto, el asunto de la química se le olvidó rápido a Cuban unos meses después cuando hizo el traspaso de Rajon Rondo.

“Nuestros equipos han tenido una gran química, y es algo en lo que creemos”, respondió Morey. “Hey, si Mark creyese tanto en la química, no habría desmontado un equipo de campeonato por espacio salarial. A lo mejor se ha unido a la religión de la química recientemente”.

Pero si traigo este pique entre Daryl Morey y Mark Cuban a colación es porque ambos, por mucho que dijeran en los medios, dejaron la química al lado por el talento. El de los Mavs por Rajon Rondo. Y el de los Rockets por Ty Lawson.

Cuando Houston llevó a cabo el traspaso de Ty Lawson, el base por aquel entonces de los Denver Nuggets no tenía valor alguno de mercado. Acumulaba multas por conducción bajo los efectos del alcohol. Los Denver Nuggets no querían saber nada de él, al igual que más de media liga. Deportivamente, lo máximo que podían perder era una primera ronda protegida para los puestos de lotería. Las señales de “mercancía peligrosa” eran enormes, pero también el talento y el potencial del jugador. Y el talento hizo que se olvidase todo lo demás, incluida la química. Esa fue la primera gran grieta.

La segunda probablemente fuese la actitud de James Harden. La estrella del equipo llegó a esta temporada pasado de peso, como confirmó Kevin McHale más adelante durante una retransmisión, y mostrando una mala actitud. Desde el principio los resultados no acompañaban. Y, como suele suceder en estos casos, la primera víctima fue el entrenador, McHale. Su sustituto, J.B. Bickerstaff achicó aguas para intentar llegar a buen puerto, pero nunca llegó a enderezar el rumbo. Surgieron rumores de que Harden y Howard habían intentado que se traspasase al otro. Nadie quiso dar algo a cambio por Ty Lawson y acabó cortado.

Cuando todo va mal, la lupa con la que se analizan las decisiones se convierte en más precisa y aguda. ¿Se ha gestionado bien a Terrence Jones y Donatas Motiejunas, ambos estrellados tras temporadas prometedoras? ¿Cuál era la competencia de Morey en la renovación de Corey Brewer que salió por ocho millones y tres temporadas? ¿Cuál es el nivel de desesperación de alguien que se agarra a Michael Beasley como salvación?

La puntilla para esta versión de los Houston Rockets ya está dada. Porque las opciones son:

  1. Quedarse fuera de Playoffs.
  2. Entrar en Playoffs, irse en primera ronda contra Warriors o Spurs y perder tu primera elección de Draft rumbo a Denver.

Creo que no nos equivocamos al decir que el golpe definitivo lo reciben en el trade deadline. Primero con el traspaso con los Detroit Pistons en el que recibían una primera ronda y que fue anulado por el estado de la espalda de Motiejunas. Y segundo porque todos sabemos que Morey intentó traspasar a Dwight Howard, que no lo consiguió, y que cualquiera de las partes podría el próximo verano romper esa relación.

Después de cinco temporadas al alza, Daryl Morey se enfrenta a su peor pesadilla: la intrascendencia.

Cuando termine la temporada, su continuidad será revisada por el dueño Leslie Alexander. Morey tiene contrato hasta 2018.

“Ha sido un año muy difícil en el sentido de que muchas de las cosas que esperábamos que nos llevasen al siguiente nivel no han funcionado, y además hemos dado un paso atrás”, dijo Morey a ESPN. “La temporada no ha terminado, pero hasta este punto hemos actuado por debajo de lo que esperábamos y de lo que hicimos la temporada pasada. En cuanto a la seguridad de mi puesto, preguntas a la persona equivocada. Eso es elección de Mr. Alexander y yo solo hago mi trabajo cada día. Él toma esa decisión”.

El sentido común dice que Alexander no se deshará de Morey por un mal año después de la trayectoria ascendente de los anteriores, pero siempre ha sido un dueño muy preocupado por su bolsillo (como casi todos, vamos), y este año va a pagar impuesto de lujo por un equipo que podría no disputar los Playoffs.

Si Morey continúa, como debería ser, tendrá un nuevo reto por delante: relanzar a estos Rockets. De entrada, no parece que Bickerstaff vaya a ser la primera opción en el banquillo. Si se criticaba a McHale por el Harden-sistema, Bickerstaff lo ha acentuado. Es uno de los equipos que más ventajas ha desperdiciado, su patrón de sustituciones está más que cuestionado. Incluso cuando Dwight Howard ha estado bien físicamente (su salud, tanto física como mental, otro factor clave), el entrenador  no ha explotado el potencial del pick and roll entre él y Harden. No sabemos tampoco hasta qué punto pueden ser ciertos los rumores de ruptura entre ambos en el vestuario, pero eso quizás explicaría el distanciamiento también dentro de la pista.

Nunca se puede subestimar a alguien tan inteligente y agresivo como Daryl Morey, pero a priori cuenta con menos activos que en el pasado. El mejor resultado para él y para los Rockets sería que, simplemente con la sustracción de Dwight Howard, mejorase tanto la química dentro como fuera del vestuario, aunque perder a un jugador de ese calibre a cambio de nada vaya en contra de su filosofía. Que Clint Capela siga evolucionando, que sea capaz de hacer algún buen fichaje de un jugador de segunda o tercera línea con el espacio salarial que tendrán, y que un nuevo entrenador sea capaz de insuflar aire en ese globo deshinchado que son estos Rockets. Incluso optar por esta reestructuración tendría sus riesgos, todo depende del grado de podredumbre del vestuario, algo que solo ellos conocen.

Es posible que en sus peores pesadillas Daryl Morey sueñe que es Otis Smith, considerado durante un tiempo un genio por juntar a Stan Van Gundy, Dwight Howard, Hedo Turkoglu, Rashard Lewis y Jameer Nelson en los Orlando Magic finalistas de la NBA en 2009 y de conferencia en 2010, y que desde que salió de las oficinas de los Magic en 2012 no ha vuelto a formar parte de ninguna front office (desde 2014 es entrenador de los Grand Rapids Drive de la D-League).

Un día no muy lejano fue endiosado por muchos. Ahora sus detractores dan rienda suelta a sus críticas. La duda es, ¿tiene Daryl Morey otro as en la manga, o tendrá que comprar una baraja nueva?